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El lado más oscuro de las redes sociales: el delito

Los equipos de iluminación que fueron incautados por la Policía / web

Por Redacción

Son espacios donde, la falta de control, promueve ciertas prácticas ilegales. Los peligros de organizar citas con delincuentes

Las redes sociales volvieron a quedar expuestas como escenario habitual de un mercado ilegal que opera en las sombras. Plataformas pensadas con otra finalidad, se han convertido en un espacio donde prolifera la compraventa de objetos de dudosa procedencia.

Se trata de una cotidiana realidad, un canal elegido para ofrecer objetos robados, aprovechando la rapidez, el anonimato y la falta de controles efectivos.

Un episodio ocurrido ayer en Tolosa dejó al descubierto esta modalidad. Fue a partir de una publicación detectada en Facebook Marketplace, que un hombre terminó aprehendido en 23 y 520 acusado de encubrimiento, luego de intentar vender elementos que habían sido denunciados como sustraídos semanas atrás.

La operatoria es conocida: artículos ofrecidos a bajo precio, contactos directos por mensajes privados y encuentros pactados en la vía pública.

En este caso, la víctima reconoció como propios cinco equipos de iluminación que le habían robado a fines de diciembre. Tras acordar una supuesta compra, el encuentro permitió confirmar que los objetos estaban en poder del vendedor, quien se movilizaba en una camioneta. El procedimiento policial derivó en la aprehensión del sospechoso y el secuestro de la evidencia.

El hecho vuelve a poner en foco un circuito clandestino que crece al amparo de las redes sociales. Un mundo subterráneo donde lo robado se recicla rápidamente, se revende en cuestión de horas y alimenta un engranaje delictivo que muchas veces solo sale a la luz cuando una víctima logra rastrear sus pertenencias en una publicación online.

En las últimas horas, se hizo viral el caso del ladrón de una bicicleta, que intentó venderla por las redes. Pero para su desgracia, pactó el negocio con el dueño, que vio el rodado y enseguida le tendió una trampa.

El plan salió a la perfección y el encuentro se concretó a la hora pactada. Todo en cercanías de un conocido hipermercado y del lugar donde ahora cayó preso el falso iluminador.

La andanada de golpes fue instantánea y el frustrado vendedor se retiró sin llevarse un solo centavo.

Sin embargo, se trata de prácticas muy peligrosas, porque nadie sabe si del otro lado hay alguien armado.

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